Con 25 años de experiencia a sus espaldas, Isabel Sola es una de las personas en España que más saben de los coronavirus y sus vacunas. Desde enero de 2020, en su laboratorio del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC Sola y su equipo están desarrollando su propia vacuna contra el COVID-19.

Isabel Sola en su laboratorio en febrero de 2020, antes de que se declarase la pandemia / © SINC: Álvaro Muñoz
Isabel Sola en su laboratorio en febrero de 2020, antes de que se declarase la pandemia / © SINC: Álvaro Muñoz.

El laboratorio de Isabel Sola (San Adrián, Navarra, 1967), que codirige junto al virólogo español Luis Enjuanes, es uno de los tres equipos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que están desarrollando vacunas contra el COVID-19. En su caso, cuentan con la experiencia de haber diseñado prototipos de vacunas contra anteriores coronavirus, como el SARS y el MERS, pero aquellas candidatas se quedaron en un cajón: “Desapareció el peligro inminente y con todo eso también la financiación”.

Pero Sola va más allá y es crítica con esta mirada cortoplacista de la inversión en ciencia: “No somos conscientes de que los coronavirus tienen potencial pandémico y la capacidad de volver a emerger. No el mismo necesariamente, sino otro, con otras propiedades particulares, pero que va a compartir muchas cosas que ya conocemos, precisamente por pertenecer a esa familia”.

Las vacunas del COVID-19 son la gran esperanza de esta pandemia. Millones de personas confían en que nos permitan recuperar pronto la normalidad, entre ellas, la madre de la viróloga Isabel Sola. “Y no se la puedes dar de forma inmediata, porque no es posible, entonces a veces tienes esa sensación de cierta decepción aun sabiendo que estás haciendo todo lo posible”, explica desde el Centro Nacional de Biotecnología (CNB–CSIC).

“No somos conscientes de que los coronavirus tienen potencial pandémico y la capacidad de volver a emerger”

Después de 25 años de investigación en coronavirus, ella es una de las personas en España que más sabe sobre estos patógenos, aunque parece que la afirmación le incomode: “Podemos saber quizás algo más de coronavirus, pero lo cierto es que en estos momentos casi cualquier persona de la sociedad ha recibido un curso acelerado”. Su discurso es humilde, pausado y muy divulgativo. “Siempre me he preguntado por qué… cómo funcionaban las cosas”, asegura sobre su curiosidad.

La investigación y el conocimiento previos en anteriores coronavirus les da ahora cierta ventaja. El virus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad del COVID-19, es idéntico en un 80 % al SARS-1, que emergió en 2002 en China. Pero Sola subraya que hay un 20 % de su secuencia que lo hace diferente y singular: “A diferencia de los otros coronavirus, tiene un espectro muy amplio de severidad y hay casos que son muy poco sintomáticos, muy leves, y otros que son muy severos y llevan a la muerte”.

Decenas de candidatas contra una sola enfermedad

En el mundo hay unas 200 candidatas a vacunas, según el rastreador de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Isabel considera esta diversidad “enriquecedora”, siempre y cuando se diversifique “con cierto sentido común”. Por eso defiende que se apoyen distintos proyectos a la vez. 

Si visualizamos la búsqueda de vacunas como un ataque frente al enemigo, una diversidad de enfoques nos permite atacarlo desde distintos flancos

Según explica Sola, si visualizamos la búsqueda de vacunas como un ataque frente al enemigo, una diversidad de enfoques nos permite atacarlo desde distintos flancos. “Algunos de ellos quizás no sean eficaces, otros sí lo serán, o incluso cada uno puede serlo para un determinado grupo de población”, asegura.

De entre las decenas de candidatas a vacuna, hay cuatro grandes maneras de conseguirlas.

La aproximación más clásica es el diseño a partir del virus entero, como la vacuna de la gripe o la del sarampión.

Otra opción es hacerlo a partir de otros virus que hagan de vehículo del material genético del SARS-CoV-2, como el proyecto del grupo de Mariano Esteban del CNB-CSIC, la vacuna del CSIC más adelantada que ya ha mostrado una eficacia del 100 % en ratones. O la de la Universidad de Oxford y la farmacéutica estadounidense AstraZeneca, que ya se está administrando en Europa, a través de un adenovirus de chimpancé.

Las otras dos fórmulas consisten en diseñarlas, por un lado, a partir de sus proteínas o, por otro, de su material genético, la opción de Moderna, Pfizer y el laboratorio de Isabel Sola y Luis Enjuanes.

El prototipo del grupo coliderado por Sola es una versión simplificada y atenuada del SARS-CoV-2 que han conseguido gracias a una técnica de edición genética que se inventaron en su laboratorio hace veinte años para eliminar todos los elementos dañinos del virus y solo contar con los componentes imprescindibles para preparar la respuesta inmunitaria. Según la viróloga, dos de las ventajas de su candidata son que solo necesita una dosis y ofrece una respuesta más completa y duradera.

Este es el proceso que se sigue en el laboratorio de Sola y Enjuanes para el desarrollo de la vacuna / © SINC: José Antonio Peñas.

Esta carrera por las vacunas ha alimentado el populismo de líderes políticos, hasta tal punto que incluso la OMS lanzó una voz de alarma ante el preocupante auge de nacionalismos. “El virus no entiende de fronteras ni de ideologías. Entender la protección como algo reducido a mi pequeña nación… ¡Esto es una pandemia! Y una pandemia afecta a todo el mundo”, exclama Sola.

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